miércoles, 3 de julio de 2013

EL TRAJE DE SAN JUAN

Cuando llega el mes de junio, Coria deja de ser la ciudad inmóvil, como la describiera Ortega y Gasset, algo empieza a moverse, todo en ella huele a San Juan, huele a toro. A partir de la madrugada del 23, se afronta el riesgo y se oculta el miedo, se deja la ropa de la rutina y muchos de sus habitantes se colocan un traje reversible: por fuera el típico de la fiesta (pantalón y camisa blancos, fajín y pañuelo rojo) y por dentro, el de la hospitalidad, comprensión, amistad, no solo con sus convecinos, sino con los forasteros, ofreciéndoles información si la requieren, y su hospitalidad, ponche y viandas. Los corianos, inquietos, a escasos días para que den comienzo los Sanjuanes, saben que es hora de desempolvar el traje reversible, lavar las emociones, planchar el miedo, disfrutar con la alegría del encuentro, del ligue, vivir la juventud a tope. Antiguamente se hizo popular un refrán: La que en San Juan sanjuanea, en marzo marcea. Porque todo se relaja con el ponche, el calor y la charanga. Con ese traje puesto, se olvida uno de las preferentes, los bancos, problemas personales, violencia, inquina, personajes indeseables: Bárcenas, Gürtel y compañía, los de los EREs, Noos, etc., para centrase solamente en el toro como eje central del festejo. Lo malo es que las fiestas han durado apenas una semana porque, una vez pasadas, el traje reversible vuelve a colgarse en el armario de la cotidianeidad, lavado lo de fuera ─eso sí─, pero olvidado muchas veces lo de dentro, ese pozo de valores que dejamos aflorar durante las fiestas, y se vuelve a lo de siempre: individualismo, apatía, envidia, rencor, egoísmo. De nuevo cada cual se coloca el suyo, el que llevará el resto del año, y se olvidará del buen rollo que reinó en toda la ciudad en esos días de toros. El motivo de ese desprendimiento, de esa generosidad y las buenas intenciones que emana en esos días, es el toro; habría que pensar en incrementar estos festejos para que cada año fuéramos más solidarios. Claro que, con la Sociedad Protectora de animales hemos topado, amigo Sancho, que diría don Quijote. Si en estas fiestas Coria vibra, cobra vida más que en todo el año y nos torna mejores, habría que sacar ese traje reversible en muchas más ocasiones. El mundo iría mucho mejor. Una vez bajado el telón de las fiestas, se vuelve al trabajo (el que lo tenga), a la rutina, a disfrutar del verano mitigando el calor en las piscinas, yendo de vacaciones (los privilegiados que puedan) o tomándose un helado en una terraza. Y sigue pasando el tiempo inexorable hasta que el próximo año suene de nuevo el chupinazo que anuncia el inicio de las fiestas, y que ha llegado la hora de desempolvar de nuevo el traje sanjuanero. ROSA LÓPEZ CASERO Publicado en Torrejoncillo Todo Noticias y en La Crónica de Coria

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