martes, 28 de septiembre de 2010

VELA

No sé el tiempo que llevo mirándote, me hipnotizas. Recorro tu cuerpo curvo y lánguido admirando el color carmesí que te envuelve. Clavo mis ojos en tu llama infinita y mis pupilas bailan al son de tu danza. Aspiro profundamente el embriagador perfume que desprendes y siento cómo transportas todos mis sentidos a lugares lejanos, lugares mágicos. Permaneces estática, y aun así es como si toda la habitación estuviera poseída por ti. Ya no existen los colores porque todos los devoras con tu resplandor amarillo y tu juego de sombras. Por un momento te veo llorar. Observo cómo tus pesadas lágrimas te envuelven y te hacen ser aún más hermosa. Yo también lloro porque presiento que pronto te marcharas y la luz que ahora ilumina mi estancia desaparecerá para siempre. Aunque te vayas haciendo cada vez más pequeña, te alzas orgullosa con tu cabeza de fuego. Sabes que llevas la muerte contigo…sabes que te estás consumiendo.

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